El arte de la guerra. En el siglo cuarto antes de Cristo, el general Sun Tzu escribió un libro de estrategia militar que suele tener mucho éxito en la actualidad entre los yuppies y emprendedores. Se tituló El arte de la guerra y algunas enseñanzas pueden aplicarse a la madre de todas las batallas, que es la vida misma, el ámbito cotidiano de nuestras emociones. “La mejor victoria es vencer sin combatir”, afirma el viejo general chino, y es lo que suele ocurrir en el teatro de operaciones del amor.
Este es el escenario escogido por el bailaor Eduardo Guerrero para poner en pie su espectáculo, que lleva su polisémico apellido. En esta ocasión, el bailaor se centra en su relación con las mujeres: su madre, sus amantes, sus amigas, en este territorio límite en el que la sentimentalidad convive con la sensualidad pero supera las dos temperaturas vitales, hasta encontrar un puente entre géneros y sexos al que solemos llamar persona. Es, en líneas generales, su pretexto, el de hacer de la guerra un arte. Pero su mejor ejército es él mismo, escoltado por el cante de Anabel Rivera, Samara Montáñez o May Fernández, pero con una munición musical de primera, la que aportan las guitarras de Javier Ibáñez y Juan José Alba.